Gracias otroyo. "Una vez que hubo talado el último árbol, secado el último río y allanado la última montaña (...)", tuvo la noción de la soledad delictiva. Así corrigió una de las tantas declaraciones ecologistas que tapizaban sus paredes y daban cobijo a un bioterio de insectos varios. Con una cucaracha rumiando desazón en el oído derecho, volvió a leer la sesión iniciada en el debate y en la pc. En el estrado, se vio repitiendo el texto: "La libertad del otro, es también mi propia libertad"*. Quedó extático hasta que el salvapantallas del puñetazo, le devolvió la consciencia del otro. Quizá lo imprevisto. Quizá el propio pasado categorizado en olvido. ¿Y la libertad? Esa hembra sola y tan autónoma como astro rey, tan asexuada como madre paternal. Pletórica para darse como opípara al recibir el reflejo de la ceguera de quienes vieron, en ella, la fatalidad de la alternancia. Un cuarto de luna calcó su luz en la mitad de la pantalla y sería más difícil seguir leyendo que salir del programa del encierro. Afuera tenía más aire a disposición y otro, en calidad de problema. El prisma utópico dando destellos al azar, en un ejercicio autómata de la libertad cercenada por la depredación de la certeza en los resultados. Se inclinó hasta tocar el suelo, la asfixia de tierra y sustraerse a su condición impenetrable para él. Límite infranqueable en lo profundo que en extensión es infinitud igualmente imposible de abarcar. Dio figura a los otros que la llenarían de su propio contenido. Y en ese continente tan impreciso como preciado del aura de soledad pensante, se entregó al álea rítmica de inspirar y concebirse como mitocondria de otro mayor, no ajeno por haberse ofertado él a su dominio. Sin respuesta aún. Sin todo que exclamase o aprehendiese la entrega de sí como trofeo. Sin otro que lo confiscase. Con plena cosificación de la libertad en una nada travestida de definiciones y linderos. Con el carbón que deja en las yemas, el fuego generatriz de frotarse las manos, trazó con negro perpetuo en el gris promedio del asfalto: "La libertad es el otro en mi propiedad". Usurpado de libertad, a solas defendió la enajenación de sí con una revancha hacia este final ya ganado por el suicidio. Cambió de sofá y encendió el televisor. Propiedad privada. Publicidad impropia. * Genuina fuente, click. |